Ser como un bambú

¿A caso en occidente nos enseñan a vernos como seres divinos? Creo que pasa justamente lo contrario, generalmente se nos impone, religiosamente, el pecado. El pecado se impone como una gran culpa con la que, supuestamente, todos nacemos. Lo cual representa una carga malévola muy alejada de la divinidad.


Entonces ¿soy un ser divino o un pecado? Posiblemente ambas. Primero hay que hacer una pequeña limpia para sacudirnos todos esos nudos mentales que nos hacemos, quitarnos etiquetas, ideas de apego, dependencia, y otras más, hasta ir quedando cada vez más ligeros. Y encontrar un nuevo camino, nuestro propio camino. No hay otra forma de ver la divinidad en el ser humano hasta quitarse el peso que trae cargando con tantas etiquetas y  juicios, hay que deshacerse de la importancia personal, deshacerse de esos nombres que nos damos; conceptos que nos ponemos y de los roles con los que cumplimos. 

Todo lo que me produce apego me dice que lo que alguien hace, me lo hace a mí, y eso no es cierto, pero nuestra importancia personal, esa importancia que nos damos como si todo girara al rededor de nosotros, nos dice: sí, mira cómo te hacen sentir mal. Pero nadie te hace nada a ti, tú te lo adjudicas. Así el ser humano se va enmarañando en las trampas propias, todos lo hemos hecho, nadie se escapa. Pero al salir de esta telaraña se encuentra un ser más nítido y claro, ahí, cuando dejamos de darnos importancia y dejamos conceptos, para solo sentir, observar, estar presentes, para ser en el ahora, y vaciarnos de todo lo que traemos en la vasija de la mente, ahí podemos sentir el vacío de ese bambú hueco que somos. 

No por nada los diversos terapeutas nos identificamos con este bambú o  canal,  a través del cual hay una energía divina que nos da la fortaleza para ayudar a otros.