PACIENCIA

¿ Te imaginas estar en el supermercado y al momento de ir a pagar formarte en la fila más larga ? ¿Te imaginas estar esperando al doctor por dos horas y luego dejar pasar a otro paciente para seguir esperando? ¿Por qué los que esperan al doctor se llaman pacientes si al estar en la espera, en la tediosa silla, se vuelven impacientes?

Así es la agonía de la espera. En este mundo a prisa, la paciencia es una virtud casi milagrosa. 

¿ Por qué esperamos que los cambios sean repentinos y no poco a poco ?

Dice wikipedia que la paciencia es la calma o la tranquilidad de esperar. ¿Esperar qué?, ¿a quién?, ¿para qué? Guardar la calma y quedarse en armonía mientras la vida sucede, se acomoda, se desenreda, se transforma. Paciencia es saber que hay caminos que se tratan solo de aprender lo que sucede en el transcurso y que posiblemente no llegarán a ningún lado, excepto a los adentros de uno mismo, pero llegar a uno mismo es una de las odiseas más grandes que existen.

¿Cómo practicamos la paciencia? ¿Se practica? Si me voy al trabajo por el camino más lento practico esa no-prisa; ese voy, ese estoy yendo, que es presente, y el presente es el único momento en el que se puede ser, ser paciente. ¿Cómo se siente la paciencia? me preguntó el maestro, y le contesté, ¨horrible¨, sólo siento su ausencia. Ausencia de paciencia es frustración, ansiedad, agobio. Paciencia es calma, es armonía.

Por ahí leí un artículo que decía que necesitamos paciencia para pegar nuestros pedazos rotos. He visto mucho esa idea de que el humano se rompe y tiene que armarse de nuevo. Primeramente, no podemos rompernos, este cuerpo-mente que todos tenemos no se rompe, no es de vidrio, no es de porcelana, no es débil ni delicado, es bastante fuerte. Podría compararse más a una masa que se amolda, se extiende, se contrae, se aplasta, se infla, pero no se rompe, se adapta. Sin embargo, se adapta más fácilmente si la masa es moldeable y flexible, si se endurece es más complicado. Cuando cooperamos con la vida, así como viene y no como nosotros quisiéramos, somos flexibles, moldeables. 

La paciencia consiste entonces en esperar los procesos de moldeo de la masa cuerpo-mente que somos; esa masa  que a veces es de una forma, a veces de otra, y a veces, también, forma figuras amorfas. Esa paciencia de estar en el medio de la fila, de ir, de llegar hacia alguna parte, es solo la punta del iceberg; es lo que nos contamos: Soy impaciente porque tengo prisa para llegar a la oficina. Ahora lo podemos ver claro, no hay prisa de llegar a una oficina mientras haces home office, la prisa es la idea de lo que QUIERO, la idea de HACER, MOVER. La impaciencia es la idea de ¨hacerlo de otra forma¨ que yo pienso sería mejor. La impaciencia es que me ahorre tiempo, que haga eficaz mi traslado, que se pueda hacer todo rápidamente y los más efectivamente posible. Tenemos conversaciones sobre la vida dentro de  nuestra cabeza como si fuéramos un supervisor de control de calidad en la maquila, a eso hemos reducido la vida. Ahora, aquí en casa, sin necesidad de correr, encontramos otro ritmo, hay tiempo para ver que la vida tal vez no es esa linea de producción que te han contado en todos los trabajos. Tal vez, ahora es tiempo de prestarle atención a esa masa moldeable y ver que no hay prisa, aunque parece que no sucede nada nos estamos moviendo, estamos cambiando minúscula o mayúsculamente. Aún estando afuera de casa, en el ritmo seminormal de la vida, siempre hay espacio para practicar la paciencia, sin duda, ese espacio-tiempo no es afuera sino dentro de uno mismo.