¿Has leído ese cuento donde caperucita se vuelve el lobo?

En todas las historias donde hay villano siempre se huye de él. La o el protagonista luchan contra el  villano y tratan de sobrevivir a todas   las  adversidades,  pero  la  vida   real  no  es así.

 

En la vida real las caperucitas pueden ser buenas niñas, a veces,  y otras tantas, pueden ser el diablo. En la vida real hay lobos que tienen corazón y se enamoran, hay lobos tristes, buenos y malvados. En la vida real todos somos buenos y malos, aunque nos guste contarnos el cuento de que somos gente ¨buena onda¨, la verdad es que también somos villanos, para otros y para nosotros mismos.


¿QUÉ?¿que yo qué? Sí, todos podemos ser nuestro propio villano, sobre todo cuando estamos viviendo una situación donde se asoma nuestra polaridad, es decir, esas partes de mí que no hacen las pases entre sí mismas, puede ser la parte rápida y la parte lenta de mi ser; la parte triste y la parte feliz. Cualquier situación donde mis personalidades parecen ser opuestas. 

Aquí es, principalmente, donde me puedo convertir en mi propio lobo y jugar a ser la pobre caperucita. Es importante saber en qué situaciones soy caperucita y en qué situaciones soy el lobo. Para darme cuenta de ello es necesario estar muy presente y darme cuenta de lo que sucede con mis emociones, estar en el aquí y en el ahora, atenta, observándome, sientiéndome.